LA VILLA DE LAS TALAYAS

Las tejas de Qintanafrela nos llevan a pensar que en Avellanosa del Páramo hubo una villa romana[1] en el término que hoy  conocemos como Las Talayas.  Poco más se puede afirmar con certeza. Son muchas las preguntas que se pueden plantear en torno a estos restos de época romana, por lo que es natural que la curiosidad nos inunde de preguntas. Por ejemplo, si este lugar es la continuación de un asentamiento celta de la tribu de los Turmogos [2]o si fue una granja iniciada por algún propietario de origen romano [3]

Como tantas otras cuestiones que nos imaginemos,  no encontraremos una respuesta convincente con la mera observación de este paisaje, pero esto no impide que a continuación exponga una historia para este espacio.

Mapa de caminos romanos de la zona.

Avellanosa del Páramo. Vías romanas de su entorno. (Isaac Moreno Gallo. Descripción de la vía romana de Italia a Hispania en las provincias de Burgos y Palencia).

El entorno sobre el que se halla este enclave está a 1000 metros de altitud, es un paraje de horizontes abiertos, donde una amplia llanura se abre hacia el norte hasta el monte de El Perul [4] (1160 metros de altura).   Hace dos mil años, este páramo pudo ser  un hábitat adecuado  para la ganadería. Un lugar donde las tribus de los turmógos criaban caballos y mulas que, más tarde, se utilizarían las legiones romanas o que servirían de animales de tiro en el transporte de mercancías por las vías que estaba construyendo el imperio romano.  En una economía pastoril [5], la cría de ovejas, cabras, burros o bueyes, seguramente, fue la principal actividad de esta granja que abastecería, junto a otras, los mercados de las ciudades cercanas.

Las Talayas era un asentamiento rural que con seguridad, tendría algún acceso al entramado de comunicaciones existente entre Segisamone (Sasamón), Deobrígula (Tardajos) y Bravum (La Nuez de Abajo). El poblamiento y la ocupación del territorio lo explica David Pradales en relación con la importancia de los centros urbanos próximos y de la red viaria, diciendo que “es alrededor de estos centros urbanos, en un radio aproximado de 10 Kms., la distancia máxima que se puede recorrer de ida y vuelta en un día hasta la ciudad más próxima, donde se van creando desde el siglo I d.C., un importante tejido de asentamientos rurales dependientes del núcleo principal”. Continúa la cita, en otro párrafo, añadiendo que “En estrecha relación con la proximidad a centros urbanos, tenemos la segunda circunstancia que determina la ocupación del ámbito rural: la red viaria, un elemento que creemos es aún más determinante, incluso, que la posible cercanía a cauces fluviales.”

Este mapa está elaborado a partir del “Mapa arqueológico de la zona centro de Burgos en época romana” de la página 113 del libro La Romanización de la Meseta Norte, de David Pradales Ciprés.
A continuación el nombre de los pueblos donde se han encontrado restos romanos marcados en el mapa siguiente:

Calzada Las Talayas

Avellanosa del Páramo, localización de Las Talayas en el entramando de asentamientos romanos en el entorno de la vía de Astorga a Aquitania.

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Por todo ello, hay que considerar que el lugar no estaba tan lejos de la civilización  pues, a tan solo  unas pocas millas, se podía comunicar con el resto de la civilización romana[6]. La granja de Las Talayas abastecería los enclaves urbanos próximos[7] de Deobrígula (Tardajos) y Segisamone (Sasamón), por consiguiente dependería para su desarrollo de que estos centros urbanos conservaran su pujanza económica y administrativa. La crisis del siglo III y la anarquía militar[8] trajeron  cambios políticos y el inició de una transformación en la producción de los bienes de subsistencia, lo que afectó a las ciudades y provocó su decadencia. A partir de comienzos del siglo IV algunas villas se convirtieron en centros estables de residencia para los poderosos que, si antes se habían instalado en  las ciudades, ahora, optaban por no implicarse en la gobernanza de las urbes y centrarse en la gestión y ampliación de las posesiones[9] de sus villas rurales. Algunas de estas villas rústicas se convirtieron en auténticas mansiones con la construcción de zonas palaciegas e, incluso, llegaron a dotarse de su propia guardia armada.

Deobrígula

Deobrígula. Juan José García González. Cuadernos burgaleses de Historia Medieval Burgos 2, (Fronteras y territorios burgaleses en la transición de la Antigüedad a la Edad Media) 1995

La pobreza de los restos y el emplazamiento de La Talayas hacen pensar que estamos ante una modesta granja, cuyo rastro no se ha perdido porque ha sido un lugar poco transformado debido a que, tradicionalmente, fue un espacio dedicado al pastoreo.

Las grandes villas romanas de la Olmeda, la de Valdearados o la más cercana de  Molino de Arriba, ubicada en la localidad de Buniel  despliegan su esplendor desde el siglo IV hasta mediados del siglo V, momento en el que  los pueblos germánicos se asientan en gran parte de Hispania. La desconexión que del Imperio romano llevaron a cabo los territorios que ocuparon Suevos, Vándalos y Alanos alrededor del año 410, generaron una inestabilidad que acelerará la fragmentación del territorio en el marco de las nuevas fórmulas que tuvieron eclosión a mediados del siglo V d.C., paralelas al progresivo languidecimiento de las villae .[10]

La ganadería practicada en esta villa rural, les permitiría disponer de productos derivados de los animales domésticos más comunes como cabras y ovejas de manera no muy diferente a lo que llegamos a conocer a principios de los años sesenta,  cuando el pueblo empezaba a transformarse a marchas forzadas.[11] El ganado ovino les proveía de carne y queso pero, también, permitía conseguir prendas de abrigo con sus pieles y con su lana.[12]  Recuerdo cómo se convertía un vellón[13], recién esquilado de las ovejas en un jersey de lana, por medio de unas sencillas tareas que se hacían en casa con poco más que unas cardadoras y un carro de hilar[14].

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Carro de hilar, cardaderas y plancha de carbón.

 La explotación esclavista, por definición, no estaba dirigida al autoabastecimiento, aunque con toda seguridad,  los esclavos de estos asentamientos vivieron  de aquello que producían. El modo de producción esclavista  perseguía la maximiazación más absoluta del beneficio de sus propietarios, por lo que su objetivo era vender en los mercados de las ciudades próximas todos los productos agrícolas y  artesanales que se producían en la granja.[15] La evolución de la sociedad que surgió de la fusión de los nativos turmógos y los conquistadores romanos  se fue transformando a lo largo del siglo I y II, modificando las bases del sistema esclavista inicial. El desarrollo socioeconómico que propició la paz romana y la escasez de esclavos, terminadas las guerras de conquista, colocaron a la producción agrícola con esclavos en una situación crítica, pues la productividad de una mano de obra totalmente desmotivada no podía añadir valor económico. Ante la necesidad de mantener la obtención de medios de vida, la gran propiedad encontró una salida pactada [16]para seguir extrayendo el excedente del trabajo de campesinos y artesanos en base a la propiedad dominical de esos latifundios. A los esclavos, libertos o gentes que no eran plenamente libres se les ofreció la tenencia en uso de un trozo de la tierra del dominio del latifundista a cambio de una renta. El dueño de los esclavos se liberaba de su mantenimiento y de procurar su relevo en la granja, en un momento en el que su precio se había encarecido y en el que surgían revueltas de gentes excluidas del desarrollo económico de los primeros siglos de nuestra era.[17]

Es razonable pensar que debió existir en este asentamiento alguna actividad artesanal relacionada con las prendas de lana,  como los tradicionales “sagos” de los pueblos celtíberos[18] que ya se fabricaban antes de la llegada de los romanos.

En este sentido, ha querido la fortuna que la superficie de este lugar me regalara cuatro objetos cerámicos, que son cuatro pesas de telar[19] de modelos distintos que atestiguan la actividad textil.[20]

  • (Modelo A) Este contrapeso de telar está hecho con una arcilla de color pardo ocre de tonalidad oscura y con un desengrasante[21] visible (roca triturada) que no procede del lugar. Tiene un relieve en la parte superior que parece haberse realizado con un molde, lo que hace suponer que podría tratarse de una pieza realizada en un taller especializado que ha llegado aquí por el comercio con el exterior.

    Pesa de Telar de La Talayas

    Avellanosa de Páramo. Pesa de telar de Las Talayas. (modelo A)

  • (Modelo B) Este fue el primer “pondus”[22]que encontré y fue el que me animó en la búsqueda de las tejas de Quintanafrela. Es una cerámica de color más claro con apenas desengrasante y puede que esté realizado con la materiales del lugar.

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    Avellanosa del Páramo.

  • (Modelo C) Esta pesa de telar, partida en dos bloques, deja visible el interior del orificio por donde pasaban el lazo que sujetaba las urdimbres del telar. Esto nos permite ver el interior del agujero. Cabe suponer que con la arcilla blanda introdujeron un punzón por cada extremo y sin más cuidados hicieron el orificio. Parece una pieza hecha con arcilla del lugar y con el resultado de una cerámica muy dura y resistente a la erosión pero algo quebradiza. A juzgar por lo marcado de las señales del punzón parece haber tenido poco uso porque la cuerda no ha limado las asperezas del interior del agujero. La parte superior de la pesa de telar tiene unas marcas diagonales realizada como unas simples hendiduras.

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    Avellanosa

  • Modelo D) Aunque muy desgastado por el tiempo y el laboreo de la tierra, la forma general se ha conservado perfectamente y deja entrever, bajo una forma regular y bien trazada, el agujero de una pesa de telar.

    Pesa de telar de Las Talayas (modelo D)

    Avellanosa de Páramo. Pesa de telar de Las Talayas (modelo D)

Evidenciada la existencia de telares en la Talayas y que, por consiguiente,  existió actividad textil, resulta evidente que hubo poblamiento estable durante algún tiempo.

En una ocupación continuada de época romana deberían encontrarse fragmentos de objetos cerámicos  que formarían parte de los cacharros  habituales en un hogar de la época.

Abasolo, en la Carta Arqueológica[23] de la provincia de Burgos, hace referencia de una visita a este lugar de Las Talayas. En ella comenta que sobre estas fincas aparece una cerámica muy difícil de clasificar por estar muy desmenuzada o lavada.

Amparándome en el hecho de que hubo actividad textil y asentamiento continuado de población, dediqué mi empeño a localizar fragmentos de cacharros del hogar, pues me parecía  del todo lógico que, con un poco de suerte y algo de paciencia, asomaran objetos como el de esta foto:

Fragmento de terra sigilata de Las Talyas.

Avellanosa del Páramo. Fragmento de terra sigilata de Las Talyas.

 Los pequeños trozos de la foto superior se han recogido en este lugar y, pendientes del análisis de un experto, pueden pertenecer a recipientes de cerámica de vajilla de mesa, pues tienen el típico barniz de la llamada terra sigillata itálica y/o hispánica.

Algunos de los fragmentos de las anteriores fotografías pertenecen a objetos

ceramica-2bde cerámica común que se utilizaban en la cocina y para la conservación de alimentos.

Son cantidades casi testimoniales, pero suficientes para poder afirmar que en este asentamiento humano estable se desarrolló una vida hogareña en unas casas con tejas romanas dentro de la villa rural.

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Otro aspecto importante que se cuidaba mucho en las villas romanas era el abastecimiento de agua. Un poblado en un lugar tan elevado hace pensar que aquí el suministro de agua se lo trabajaban a calderos, como lo hacíamos en el pueblo antes de la traída del agua corriente. ¡Qué esclavitud, acarrear el agua todos los días!

Lo cierto es que al lado de este lugar se halla el manantial que a mayor  altura surge en este páramo. Hablo de La Raposera, una fuente inestable que sólo en años muy húmedos brota con un caudal considerable y de una forma un tanto curiosa. Su nombre trae connotaciones de haber sido una oquedad donde el zorro criaba su camada. Hoy, La Raposera es la Roca solitaria y testaruda que ha conseguido sobrevivir en medio de tanta mudanza. A sus pies hay un espacio rellenado con piedras del que sale agua a borbotones en los pocos años que los temporales de invierno y primavera son muy generosos.

Al observar la cercanía de esta surgencia de agua con el lugar donde aparecen las “tégulas” y las características del manantial, desde el nombre a la forma tan peculiar de brotar – como si se tratara del desbordamiento de un aljibe- me hace sospechar que, quizás, no se trate de una fuente natural como todas las demás que brotan a media ladera de la cuesta.

Los romanos alcanzaron mucha experiencia en el uso de fuentes y aguas subterráneas[24] pues no solo construyeron los magníficos acueductos de las grandes ciudades, sino que también encontraron soluciones adaptadas a cada asentamiento, según las circunstancias de cada caso, desde los oasis de los desiertos de Libia y Jordania hasta el almacenamiento subterráneo de agua en la ciudad de Clunia.  Al típico acueducto como el de Segovia se añaden modelos menos conocidos como el de Cádiz (una tubería de piedra de una sección suficiente para abastecer una ciudad) o de factura más modesta con canaletas de madera como el de Los Bañales (Uncastillo).

Fuente de La Raposera.

Avellanosa del Páramo. Fuente de La Raposera con un buen manantial de agua.                   (marzo de 2013)

Hace dos mil años el páramo, que contemplamos como una superficie agroindustrial, era un bosque que retenía y conservaba el agua en superficie. Hoy, la lluvia desaparece al momento ya sea por filtración o por escorrentía. Es razonable pensar que las intensas nevadas de aquellos inviernos ayudaran a conservar el nivel freático durante más tiempo a la altura de este manantial. Con todos estos indicios se puede conjeturar que la villa de las Talayas usó la Raposera como un pozo de abastecimiento de agua durante casi todo el año o, al menos, la Raposera pudo ser una fuente transformada por los habitantes de esta villa para abastecerse de agua.

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Detalle del manantial de la fuente de La Raposera.

Resumiendo, podemos recrear la granja romana como un explotación esclavista orientada a la exportación y al enriquecimiento de una familia del orden ecuestre que, probablemente, vivía la mayor parte del año en la ciudad[25] y que un liberto en las funciones de capataz (villicus) dirigía la gestión de la agricultura y la ganadería, siguiendo los sabios consejos de los tratados agrícolas del gaditano Columela[26].

Las Talayas fue un asentamiento rural relativamente próspero que abastecería los centros urbanos cercanos hasta que el régimen de vida municipal se transformaba hacia el nuevo sistema de organización social que se consolidaba entorno al dominio de las villas. La inseguridad que se generó a mediados del siglo III pudo provocar que los centros urbanos de Segisamone, Deobrígula y Bravum perdieran el poderío municipal sobre su entorno y por consiguiente su población. Si, por el contrario, estos enclaves mantuvieron parte de su capacidad económica, Las Talayas continuaría  con la misma función de abastecimiento, aunque perdiera intensidad y se iniciara la decadencia en paralelo al deterioro de la vida municipal de estas urbes. Pero los cambios provocados por esta crisis, visible en la destrucción de las ciudades o en la merma considerable de población urbana, pusieran en peligro el comercio campo-ciudad que había alimentado la prosperidad del asentamiento de Las Talayas.

Probablemente, Las Talayas continuó como explotación ganadera en un estado de precaria subsistencia pero abocada a la desaparición, porque resulta improbable que se transformara en el emplazamiento de algún poderoso que optara por refugiarse en este latifundio. Por la endeblez de los restos que aparecen en superficie y por el terreno, no muy propicio para el cultivo agrícola, es difícil suponer que fuera el centro de una villa y el lugar de residencia de un propietario rodeado de su zona de  cultivos.

La vitalidad que durante el siglo IV tuvieron en la Meseta Norte las villas romanas de tipo dominical, creo que no se pude extender a este lugar de Las Talayas. Me inclino a pensar que fue desde muy antiguo un establo  de cría de ganado, cuyos propietarios terminarían integrándose en la  nueva sociedad hispanorromana, pues el lugar tiene una tradición ganadera que se puede remontar a épocas de hace más de 2.500 años, según nos indican los autores del libro de La Piedra Alta (El Guardián del Tiempo), al interpretar que “Quizás estas piedras erguidas que ahora permanecen mudas tuvieron voz en otros tiempos, advirtiendo de suertes y peligros a quienes supieran entender su significado”·[27]

Menhir de la Buena Moza

Avellanosa del Páramo. Menhir de La Buena Moza en el término de Las Talayas.

Al final,  las invasiones de los Suevos, Alanos y Vándalos, los pueblos bárbaros que memorizábamos en la escuela, terminaron con la administración romana.  Se inició, tras el vacío de poder,  un periodo largo de tiempo en el que las guerras  se hicieron cotidianas y próximas.[28] .

Hoy nos puede parecer un milagro que una aislada granja pudiera prosperar en lugar tan inhóspito y tal fácil de asaltar. Sin duda tenemos que imaginar que aquellas gentes tuvieron la suerte de vivir un largo periodo de paz. Hoy damos por hecho que la seguridad, que garantiza el Estado como uno de los bienes fundamentales de la comunidad, es algo natural y evidente, sin embargo, visto desde una perspectiva temporal resulta que ha sido una situación que no se ha prodigado a lo largo de la historia sino más bien, la paz se puede considerar un lujo del que han gozado pocas generaciones.

Las invasiones germánicas en la península.

Julio Mangas Majarrés y José Mª Solana Sainz. Historia de Catilla y León. Romanización y germanización de la Meseta Norte. Ed. Ámbito

Lo cierto es que el espacio, sobre el que se extendió el imperio de la ciudad de Roma, gozó de un una etapa de estabilidad tras el acceso a perpetuidad de Octavio Augusto a las magistraturas de Roma. La paz que impuso la fuerza de Roma a todos los pueblos sometidos propició el desarrollo de la civilización romana a lo largo de todo el espacio imperial. Sin embargo, la institución imperial, ante la que se plegaron los senadores romanos[29], se debilitaba en cada sucesión de emperador, pues era casi una constante que la paz fuera despreciada por el deseo de poder y gloria que provocaban las ansias de los sucesores de hacerse con la púrpura imperial, provocando guerras civiles y  una deriva militar de la institución imperial que lo avocó a su hundimiento.

La paz de Augusto o paz Octaviana, como la llama Don Quijote[30] cuando hace añoranza de la perdida edad de oro, fue cantada por los poetas[31] porque era el bien más querido por los habitantes de cualquier lugar del Imperio. Tanto y tan bien preparada estaba Roma para la guerra que acabó encontrándose con un largo periodo de paz[32], pues el éxito que alcanzó en la forma de hacer la guerra -despiadada muchas veces-[33], pronto la dejó sin enemigos de su altura y pasó a convertirse en un gendarme de seguridad de las tierras ya anexionadas, pues ningún pueblo podía desafiar su fuerza porque, aunque obtuvieran alguna victoria, era cuestión de tiempo que Roma impusiera su poder si, realmente, lo creía necesario y así fue hasta que sus legiones perdieron la identidad que las caracterizó en la época de expansión. La guerra trajo la paz, una paradoja a la que Roma no pudo adaptase porque ¿Quién, naciendo y creciendo en la guerra, puede esperar permanecer, plácidamente, en la paz?[34]

Estatua de Columela

Estatua que la ciudad de Cádiz dedica a quien más tratados de agricultura nos ha legado de la civilización romana. Columela

Solo en un entorno de paz y seguridad puede prosperar un lugar como Las Talayas. No sabemos el tiempo que duró su prosperidad pero mientras funcionaron las instituciones del ejército, la administración imperial y las calzadas conectaron la economía, la cultura y la sociedad en general, los ciudadanos romanos[35] se sintieron partícipes de algo que no supieron valorar o que, quizás, no fueron del todo conscientes del bienestar[36] que les aportaba hasta que lo perdieron.

Ciudadanos[37] poderosos que vivieron el final del imperio y conscientes de la deriva de la civilización romana se retiraron a lugares apartados como este, huyendo de las complicaciones que tenía la sociedad[38]. En épocas pasadas los poderosos (patricios o caballeros) ocuparon los cargos de la administración de las ciudades, sin embargo, después de la crisis del siglo III, se desentienden de la sociedad. Este cambio trajo consigo una sociedad de poderosos rodeados de hombres a su servicio[39] que pasaron de ser pequeños propietarios o ciudadanos casi ociosos en las ciudades a colonos, renteros y en poco tiempo simples siervos del señor que se había adueñado de las tierras municipales o públicas, quedando sus gentes,[40] con el paso del tiempo, avocadas a la sumisión o al bandidaje.[41] Y así, aunque las Talayas quedara lejos de las fronteras del imperio, no tardaría en sufrir las consecuencias de los invasores que, buscando el botín,[42] terminaron asentándose en tierras ganadas fácilmente por la guerra, repitiéndose el proceso de conquista que en su día habían hecho las  legiones de Roma con las tribus de la Celtiberia.

 Se solía decir, entre las personas mayores de mi infancia, que todas las generaciones había conocido una guerra y en su inconsciente colectivo, seguían pensando que es del todo inevitable la fatalidad de la guerra y que, por tanto, nadie podrá evitar que su generación sufra una guerra o una revuelta causada por los inevitables problemas de la convivencia humana. ¡Una guerra os daba yo, para que supierais lo que es bueno! Solían decirnos, dándonos a entender que nuestras preocupaciones, quejas o reivindicaciones carecían de fundamento y no valían un ardite. En fin, a modo de conseja, el mensaje era claro pues lo remataban con la amonestación de que nos sosegáramos que desde que el mundo es mundo siempre ha habido pobres y ricos o, dicho de otra manera, que no se puede dar la vuelta al cayado porque siempre se ha cogido por la esteva y nunca por la cantonera.

Cuando el estado romano dejó de garantizar la seguridad, volvió el pillaje y la lucha entre los clanes familiares para defender el pasto y el ganado que garantizaba la supervivencia. Retornaron las costumbres y creencias celtas a estas tierras donde la romanización había sido más débil y a donde, apenas,  había llegado el cristianismo[43] pues  hasta la expansión del románico, que cristianizó con sus pequeñas iglesias todos los rincones de la provincia, las gentes que habitaban estos pagos[44] desconocían los ritos cristianos, pues sólo habían arraigado en los centros urbanos y en los monasterios.

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Los habitantes de Las Talayas, además de soportar el cierzo gélido del norte, tuvieron que sufrir la enfermedad social de la época que no era otra que la institución de la esclavitud. Los moradores de esta villa rural de época romana, al igual que los de tantos otros lugares del mundo romano, no tuvieron el consuelo de adherirse a ninguna identidad local[45] que los mantuviera unidos frente a las agresiones de gentes armadas. Tampoco gozaron de la ilusión colectiva de  contribuir a la construcción de un templo en común, algo a lo que sí pudieron aferrarse los pobladores del medievo que, aunando esfuerzos en la edificación de su iglesia municipal, construyeron el símbolo de su identidad de comunidad. Las diseminadas aldeas que alrededor de un templo románico, (por supuesto, construido de piedra con la clara idea de eternidad) se expandieron a lo largo del siglo XI y XII en una fecunda ocupación de todos los valles de la provincia de Burgos,[46] nos ayudan a hacernos una idea de la forma de ocupación tan eficaz que fue la repoblación pues, no en vano,  sirvió de base para la asalto de las tierras del sur, en lo que se conoce como la reconquista.

El románico de la provincia de Burgos,

Avellanosa de Páramo. El románico de la provincia de Burgos, Enlace del mapa de “amigos del románico”

La civilización tiene un precio[47] que los poderosos no estuvieron dispuestos a pagar y que los consentidos[48] ciudadanos del imperio no fueron conscientes del valor de lo que tenían hasta que lo perdieron.  Nadie fue capaz de asumir el coste de mantener la pacífica complacencia en la que vivían. Cayeron en la creencia falaz de que la convivencia social de la que disfrutaban les venía dada por la protección de los dioses de Roma. La paz social y la civilización en general no son un maná que cae del cielo, más bien suele tener un coste al que los ciudadanos deben contribuir.

La nueva religión, que combatía el culto imperial[49], dificultaba una solución cívica y solidaria a una situación que cada vez se hacía más difícil para la autoridad imperial.[50] El repliegue hacia el interior, hacia salidas místicas[51] de salvación individual irrumpió con tanta fuerza en las conciencias de los ciudadanos de todo el imperio como los propios bárbaros[52] caían con fuerza sobre las ciudades y villas indefensas de la Meseta. Una fatalidad enviada por los dioses para castigarnos, esto fue lo que la mayor parte de los pobladores del Imperio pensaron que estaba ocurriendo cuando, entumecidos por la inercia de una tradición acomodada, su mundo se venía abajo y sus dioses emperadores ya no mantenían la seguridad de sus vidas y haciendas.

El Dios de la nueva religión les prometió salvar su vida en la Ciudad del Cielo[53] y como no se puede vivir sin dioses y los antiguos dioses de Roma habían abandonado a su suerte a los últimos soldados imperiales, les compensó rendirse a la nueva fuerza unificadora que, en el Puente de Milvo[54],  el dios cristiano había prestado a los soldados del emperador Constantino

De Oriente venía una religión interclasista[55] que igualaba a todos y que practicaba el proselitismo, llegaba con una fuerza arrolladora que permeaba todos los estratos sociales hasta instalarse en el poder de Roma y heredar todo el boato de los antiguos pontífices imperiales.

Fragmentos cerámicos de Las Talayas.

Avellanosa del Páramo. Fragmentos cerámicos de Las Talayas.

En el año 410 los visigodos de Alarico[56] saquearon la ciudad de Roma, asentándose definitivamente en tierras del imperio y, con el tiempo, se convirtieron en los nuevos dueños del suelo que pisaban por el -no tan primitivo[57]– derecho de conquista. Los colonos, siervos y esclavos no perdieron la propiedad y la libertad que no tenían pero sí que añoraron la paz anterior y el desarrollo material que la acompañaba. Un fuerte sentimiento de pérdida se aprecia en las pocas narraciones que han llegado a nuestra época de aquellos años violentos[58].

Ni la sociedad, ni la institución imperial creyeron conveniente entregar a los pueblos, ya no tan bárbaros, que se ocuparon de la defensa de las fronteras, las tierras que por los tratados de federación habían acordado con el Imperio.[59] La integración de las nuevas gentes que se iban asentado en tierras romanas resultó inasumible para los orgullosos y ya debilitados ciudadanos romanos.[60]

Los ciudadanos del finales del Imperio ya no eran capaces de empuñar la espada[61] y el ejército había dejado de ser aquella institución de los primeros siglos de Roma, donde sólo entraban a formar parte de las legiones los que eran propietarios[62] de tierras porque, en aquellos primeros pasos de la virtuosa república Romana, pensaban que sólo éstos lucharían con el suficiente  ahínco en la defensa de su república.


Notas al final de página de la villa de Las Talayas

[1]En origen, las villas eran esencialmente casas de labor y a lo largo de los primeros siglos de la historia romana fueron desarrollándose progresivamente como centros de  fincas de mayor o  menor extensión hasta convertirse en auténticas unidades de explotación agraria. La villa, cono tal, comprende unas tierras – el fundus-  y unos edificios donde se organiza el trabajo y desde donde se distribuyen los productos, la villa propiamente dicha, Las hay desde la de tamaño reducido, como pequeñas granjas, hasta otras tan extensas como pueblos; unas tienen el carácter modesto que corresponden a pequeñas fincas de uso agrícola, mientras otras parecen tratar de competir con los edificios de la ciudad en monumentalidad y riqueza. Si las villas hubiesen limitado sus actividades a los trabajos propios de la agricultura, hubiese sido difícil concebir un ambiente menos propicio que el de estos lugares para favorecer la creación artística, sin embargo, un gran número de obras sobresalientes del arte romano se han hallado precisamente en estos establecimientos, y muchas de las ideas que hoy tenemos sobre el gusto, las aficiones y la forma de ser de los romanos no pueden ser entendidas sin comprender lo que significaron las villas.”

“Pero, quizás sea el momento de señalar que  estas villas se desarrollan fundamentalmente en torno a lugares de culto, que muchas de ellas son precisamente templos, un buen número de las más importantes y mejor conocidas.”

Las villas romanas, en esta época tardía, presentan un elevado nivel de riqueza y lujo desconocido hasta entonces, su brusco colapso, ampliamente documentado por la arqueología, hasta ahora se ha venido atribuyendo a las invasiones bárbaras del 409; la consideración religiosa que proponemos aquí para buen número de estos yacimientos presenta la ventaja de explicar más satisfactoriamente su destrucción masiva, que habría tenido lugar durante las luchas religiosas que llevaron a cabo los cristianos para erradicar el paganismo.”

(Las villas Hispanorromanas. Dimas Fernández-Galiano. Cuadernos de Arte Españas. Historia16)

[2] LOS TURMOGOS REVISIÓN DE UNA ETNIA POCO CONOCIDA DEL NORTE Marta Francés Negro. Licenciada en Humanidades (UBU); Máster Universitario de Historia y Ciencias de la Antigüedad (UAM y UCM) martafn86@hotmail.com

Turmogos

Juan José García González. Cuadernos burgaleses de Historia Medieval Burgos 2, (Fronteras y territorios burgaleses en la transición de la Antigüedad a la Edad Media) 1995

[3] Estos individuos constituían las oligarquías municipales formadas bien por inmigrantes itálicos (en Celtiberia es de creer que en la minoría de los casos), bien por aristócratas gentilicios que iban adquiriendo la ciudadanía romana y cuyo poder económico les permitía ingresar en las curias municipales. Un caso de este tipo es el de C. Calvisius Sabinus, hijo de Aiio, un acaudalado indígena que llegó a desempeñar el duunvirado y el flaminado municipal, y que hemos estudiado en el lugar aparte. Sin duda alguna, si nuestras fuentes fuesen más abundantes, este tipo de casos se multiplicaría.  (pg.171. Conquista y romanización de Celtiberia. Manuel Salinas Frías)

[4] Fotografía tomada del libro: Piedra alta. El guardián  del tiempo. (Germán Delibes, Miguel A. Moreno, Rodrigo Villalobos y Javier Basconcillos) Editoria MEDIADOS. Junta de Castilla y León y Diputación Provincial de Burgos. 2012

[5] La ganadería debió ser una actividad equiparable a la agricultura” (Historia de Burgos, pg.303)

De los datos expuestos se deduce que la dieta de los celtiberos era predominantemente carnívora, completada con productos derivados de la leche, como sucede hoy entre nómadas de Asia central. Diodoro indica que el alimento de los celtiberos consistía en carnes variadas e hidromiel; ello concuerda con las dificultades experimentadas por los ejércitos romanos durante las campañas de la Meseta.

… Finalmente Apiano dice explícitamente que cuando Escipión procedió a reorganizar el ejército ante Numancia obligó a comer a los soldados exclusivamente carne asada o cocida, sin duda para igualarlos en todo lo posible al enemigo” (pg.104 de Conquista y Romanización de Celtiberia de Manuel Salinas de Frías.)

[6] Vía del itinerario Antonino que atraviesa la provincia de Burgos desde Melgar a Briviesca.

[7]Aun cuando no se ha podido determinar las pautas que sirvieron para esta supuesta ordenación territorial puede aventurarse un esquema de orlas en derredor de las principales ciudades teniendo en cuenta factores como la calidad de la tierra, comunicaciones… en semejanza con ciertos modelos referidos a otras provincias de Hispania” (Historia de burgos. Pg,302)

[8] “La inestabilidad general de unos decenios críticos en los que se estaba acelerando la crisis de la vida municipal para consolidarse el régimen de dominios puede ayudar a comprender estas frecuentes huellas de cambio que los monumentos arqueológicos desvelan”  (Hª de Catilla y León. Romanización y germanización de la Meseta Norte. Ed. Ámbito pg, 62 Julio Mangas Majarrés y José Mª Solana Sainz)

[9] ¿Cómo es posible? Lecciones del ‘Brexit’  Si no nos implicamos, dejaremos que lo inimaginable se convierta en realidad

[10] Carmen Alonso Fernández y Javier Jiménez Echevarría,  El Yacimiento arqueológico Alto del Mural / Camino de los Aguanares (Cogollos, Burgos). Pg-165

En la pg. 163  “Si aceptamos la segunda mitad del siglo V  d. C. como fecha del fin de la producción de la TSH en base al resentimiento de los alfares y de las redes de distribución como consecuencia de los diferentes acontecimientos bélicos: las campañas de saqueo y depredación de la tarraconense de la mano de Richiario (449) y  Teodorico (457) y de sometimiento por Eurico a partir del año 472 (Pérez y González, 2009:437) parece justificada la escasez de estas cerámicas en el yacimiento”.

[11]Sin embargo, la agricultura deja de ser un modo de vida en cuanto se abre a un mercado más extenso, de ámbito suprarregional, bien nacional o internacional, donde, como actividad económica, está obligada a competir y a especializarse en los aprovechamientos o producciones en los que puede obtener ventajas comparativas. Y esta competencia exige, a su vez, modernización y tecnificación de la explotación agraria”. (Paisajes y economías agrarias: Del policultivo de subsistencia a la especialización agraria mundial  F. Molinero Hernando,  Dpto. de Geografía. Universidad de Valladolid. molinero@fyl.uva.es)

[12] http://www.parquedelalana.com/doc/Doc_ESO.pdf

[13] vellon. (Del lat. vellus).

  1. m.Conjunto de la lana de un carnero u oveja que se esquila.
  2. m.zalea ( cuero curtido de oveja o carnero con su lana).
  3. m.Vedija o guedeja de lana.

[14] Carro de hilar y cardadoras.

[15] Los cambios en las condiciones materiales y espirituales de vida beneficiaron ampliamente a los esclavos, el solo hecho de que se considerara su transformación en “personas” creemos que ya marca un cambio significativo en la mentalidad de la época. Proveer su propio alimento y vivir en familia también son cambios que hacen a una transformación destacable. Producir más y quedarse por eso con “algo más” creo que también implicó un incentivo que marcó la diferencia con respecto a aquel “animal anillado” de la época de la ergástula.

[16] Por otra parte, fue un fenómeno general el abandono progresivo de la fuerza de trabajo de los esclavos para ser sustituida por la de hombres libres, adscritos a la tierra, colonos, o bien asalariados temporeros. Al colono se le concedían parcelas de tierra en régimen de posesión a cambio de entregar una parte de la producción al dueño; a su vez los colonos estaban obligados a trabajar, en régimen de prestaciones, unos días al año en las tierras explotadas directamente por el propietario. Este solía ser un personaje de alto rango social, que estaba en condiciones de ofrecer protección económica y jurídica a sus colonos. Muchos pequeños propietarios agrícolas optaban por entregar sus tierras o venderlas a bajo precio a un gran propietario, con lo que evitaban los apuros económicos ante años de malas cosechas y obtenían simultáneamente una protección social y jurídica; renunciando a una parcela de libertad a cambio de mayor seguridad. Estas relaciones de colonato, que comienzan a formarse en los grandes dominios agrícolas, terminan siendo las dominantes, incluso en las propiedades situadas en los entornos de las ciudades. (Hª de Catilla y León. Romanización y germanización de la Meseta Norte. Ed. Ámbito pg. 77 Julio Mangas Manjarrés y José Mª Solana Sainz)

 [17] Los movimientos de bagaudes.

[18]El nombre de sagum es céltico. Según Taracena, debía tratarse  de una prenda de lana grasienta, acaso sin lavar, gruesa, áspera y de color oscuro que se sobreponía a la túnica; iba sin mangas y se ponía por la cabeza, siendo su longitud hasta las corvas más l menos. Aun hoy día los pastores de Soria usan una especie de capa doble, que se mete por la cabeza, sin mangas: la “anguarina”, de función semejante al sago celtibérico, aunque en opinión de Taracena esta prenda, que tiene además capucha, deriva no del sago, sino de la dalmática que se impuso en el Imperio durante el siglo III. 

La confección de prendas de vestir, entre ellas el sagum, debió ser una actividad doméstica probablemente por las mujeres. Así parecen indicarlo las numerosas pesas de telar encontradas en los yacimientos celtibéricos desde época poshalstática hasta la romana imperial.”

La confección de sagos. (pg.118, Conquista y Romanización  de Celtiberia)

[19] La funcionalidad de las pesas como tensores de urdimbre en telares con pesas parece fuera de toda duda.

 “La industria textil debió ser la principal como parecen apoyar entre otro género de evidencias arqueológicas las piezas de cerámica, pondera, tan habituales en los yacimientos de la época que nos ocupa”.(Historia de Burgos)

[20] Textrinum, hilar y tejer en una casa romana

http://domus-romana.blogspot.com.es/2013/05/textrinum.html

[21]  Desengrasante en lo referido a cerámicas. Los desengrasantes se añaden a la arcilla para reducir el exceso de plasticidad, aumentar la porosidad y facilitar el secado, así como aumentar la resistencia de las piezas. Puede ser prácticamente cualquier cosa: cerámica, conchas o huesos triturados; arena; piedra molida; paja, etc. (Diccionario RAE)

[22] “…creemos más apropiada la denominación latina de “pondus” (sing.) y de “pondera” (p.), empleada con acertada cautela en algunas publicaciones y vigente mientras subsista la incertidumbre sobre estas controvertidas piezas arqueológicas. (pg.232). (PONDERA. EXAMEN CUALITATIVO, CUANTITATIVO, ESPACIAL Y SU RELACIÓN CON EL TELAR CON PESAS Zaida Castro Curel)

[23] J. A. Abasolo  Carta arqueológica de Burgos

[24] http://www.traianvs.net/textos/hidraulicas.htm

Sobre el acueducto de Cádiz ver el siguiente enlace  http://aquaducta.blogspot.com.es/search/label/AQVA%20DVCTA

[25] Así pudo ser hasta la crisis de mediados del siglo III. Desde la conquista definitiva y plena de la Península hasta el llamado periodo de anarquía militar, se produjo una mejora constante de las condiciones de vida en los que Las Talayas pudo habitarse con estas características. Después la situación cambió porque el comercio y el entramado social y político se modificaron profundamente: se redujo la población (crisis del sistema esclavista), la devaluación de las monedas (crisis minera –Fin de Las Médulas- ), contracción del comercio y se manifiestan  problemas sociales (bagaudes). Se inició un proceso de ruralización que se acentuó con la entrada de los pueblos bárbaros y se consolidó con los visigodos. (J.A. LECANDA: CIVITAS, CASTELLUM, VICUS AUT VILLA EN EL DUCADO DE CANTABRIA. EL PANORAMA URBANO…)

[26] Los doce libros de agricultura de Lucio Junio Moderato Columela

[27]Acumulación, megalitismo, evidencias prehistóricas, larga duración, espacios abiertos y lugares de pasto. Seis características de un proceso que se antoja arduo y prolongado. Aún es pronto para obtener conclusiones, más allá de las individuales de cada intervención arqueológica, pero se van abriendo nuevas ventanas y, sobre todo, se va confirmando que no es mera casualidad la presencia de menhires a lo largo de un recorrido que une los páramos de la meseta castellana con los altos prados de la Cordillera Cantábrica. La investigación sigue abierta”. (Nuevos datos sobre una alineación de menhires en el norte de Burgos: el yacimiento de Las Atalayas, en Avellanosa del Páramo (Burgos), Sautuola: Revista del Instituto de Prehistoria y Arqueología Sautuola, ISSN 1133-2166, Nº 16-17, 2010-2012, págs. 71-93,( Miguel A. Moreno GalloGermán Delibes de CastroJosé Antonio López SáezSaúl Manzano RodríguezRodrigo Villalobos GarcíaAlberto Fraile VicenteJavier Basconcillos Arce)

[28] Debido a la inseguridad reinante en alguna de las provincias, el Codex Theodosianus, en una Ley del 409, suprimía a los jefes encargados de la policía rural y confiaba su misión a los nobles propietarios.  Según Ch.  Lecriviain, la creación de estas milicias privadas constituye uno de los precedentes del régimen feudal. Pero la medida de la Ley se podría transformar en un arma de doble filo porque, en un determinado momento,  las milicias de un ambicioso notable, podían ser utilizadas contra el propio Estado. (Hª de Catilla y León. Romanización y Germanización de la Meseta Norte. Ed. Ámbito pg. 99. Julio Mangas Manjarrés y José Mª Solana Sainz)

[29] Aceptación del Principado después de las guerras civiles del siglo I a. C.

[30] Primara Parte, Capítulo  XI  (De lo que le sucedió a don Quijote con unos cabreros)

[31] Horacio y Ovidio

[32] “En verdad, la idea de que la paz es el fin de la guerra y que, por consiguiente, toda guerra es una preparación para la paz, es cuando menos tan antigua como Aristóteles, y la pretensión de que el propósito de una carrera armamentista es conservar la paz es incluso anterior, tan antigua como el descubrimiento de los embustes de la propaganda” (H. ARENDT, Sobre la revolución, 16)

Si vis pacem, para bellum. El Príncipe, la Fortuna y la guerra Manuel TIZZIANI Universidad Nacional del Litoral manueltizziani@gmail.com (INGENIUM. Revista de historia del pensamiento moderno Nº 7, 2013, 127-147)

[33] Despiadado Julio César. Arqueólogos holandeses identifican el lugar donde el general romano masacró a dos tribus germanas.

http://cultura.elpais.com/cultura/2015/12/15/actualidad/1450194850_422472.html

[34] Tácito en sus Annales cuando, recordando la paz de Augusto, escribía: “Hacen una carnicería como la que han hecho, firman un acuerdo y a eso le llaman paz”

[35] En el edificio termal se encontró una placa rectangular recortada de bronce con la inscripción VINARI / LETARI [—], fragmento del lateral de un cubilete paralelepipédico para jugar a los dados ilustrado con palabras de seis letras de la misma manera que aparecen grabadas en las losas de los asientos de los teatros romanos. La inscripción completa sería VINARI / LETARI / [LVDERE / RIDERE / HOC EST / VIVERE] (Beber y estar alegre, jugar y reír, así hay que vivir).    (Villa palacio de La Olmeda, Palencia)

[36] Según Gibbon, el Imperio romano sucumbió a las invasiones bárbaras principalmente debido a la pérdida de las virtudes cívicas tradicionales romanas por parte de sus ciudadanos. Gibbon plantea una teoría decadentista 

[37] El beatus ille

[38] El abandono del ámbito público desata un fuerte sentimiento de independencia entre las personas por el que creen bastarse a sí mismas cuando, en realidad, se hacen más dependientes de instancias como el Estado. El repliegue en la intimidad doméstica conlleva una progresiva obsesión por su mero interés material. El individualismo engendra, según Tocqueville, un tipo humano débil, caracterizado por ser moderado pero sin virtud ni coraje. Como telón de fondo, una tranquilidad pública que da pie al desinterés por todo lo político y el abono de la tiranía inevitable engendrada por ese egoísmo. … Si no se quiere que los hombres se retiren por completo a sus propios círculos domésticos, si no se quiere que se desvanezca por completo el espíritu público, habrá que enseñar a los hombres que por un ilustrado interés en sí mismos necesitarán ayudarse constantemente unos a otro, sacrificando una parte de su tiempo y riqueza al bienestar de la comunidad. (http://www.jotdown.es/2015/11/la-democracia-segun-alexis-tocqueville/)

[39]  http://elpais.com/elpais/2015/12/18/opinion/1450457921_100867.htmlTodos sabemos quiénes son los débiles de la economía, de la política, de la sociedad, de la vida. Dostoievski los evocó dramáticamente a todos en su novela Humillados y Ofendidos, una novela necesariamente larga, como largo es el recuento de los maltratados de la historia. Bloch diría que, en algún sentido, los evangelistas Mateo y Lucas los convocaron a todos al “establo”

 [40] Por otro lado la formación creciente de grandes unidades de explotación agrarias, villae, trabajadas fundamentalmente por individuos en régimen de colonato, unidades autosuficientes en gran medida, que competían  ventajosamente con la producción de los núcleos urbanos, y que, además, escapaban al control fiscal de los mismos. Los propietarios de estas fincas eran bien individuos de la clase senatorial, cien miembros del orden ecuestre o decurional, bien el mismo emperador, que delegaba sus administración en funcionarios, libertos, etc. Los propietarios de esta fincas no solo escapaban a los impuestos de los municipios, mediante el recurso a la fuerza si era necesario, contando con sus efectivos humanos, sino que además ampliaban sus posesiones a expensas de las tierras municipales, el “ager publicus”, con lo que contribuían a mermar aún más los ingresos de las ciudades. A esta serie de circunstancias se sumaron  la inflación de precios y la devaluación de la moneda; la retracción del comercio ante la creciente inseguridad política y las invasiones bárbaras, aprovechando la debilidad del Estado, dadas las continuas luchas internas por el poder. La denominada época de la anarquía militar (235 – 268) no fue más que el momento culminante en que la crisis asaltó las cimas del Estado.  ( Pg.181. Conquista …)

[41] Cabe pensar, sin embargo, que las destrucciones e incendios de Clunia y de Bilbilis en el siglo III se deben a revueltas campesinas similares a las de los bagaudes del siglo V. Conocemos relativamente bien el carácter de estas últimas por distintos trabajos. Las tropas de bagaudes se integraban por campesinos y esclavos huidos, quienes en ocasiones hacían causa común con los invasores bárbaros, dado que su enemigo era el mismo: la clase que gobernaba el Estado romano(pg. 187. Conquista y Romanización… )

 [42] Dos palabras de origen germánico .Guerra (Del germ. *werra ‘pelea, discordia’; cf. a. al. ant. wërra, neerl. medio warre) y botín (Del occit. botin, y este del germ. *bytin ‘presa’.)

[43] La debilidad de la romanización en Celtiberia y de los elementos ideológicos que la misma implicaba se hace especialmente patente con respecto al culto imperial. Es interesante este aspecto, puesto que, según Etienne, el culto imperial tendría su origen en el culto al jefe característico de la Península Ibérica, y, por  tant, sería entonces de esperar un mayor florecimiento de aquel en la región donde la devotio  y la clientela indígenas eran instituciones características. Con excepción de Clunia, capital del conventus jurídico de su nombre, apenas se percibe ningún otro lugar de importancia en el culto imperial a escala de  los municipios;”  (pg. 178 Conquista y Romanización…)

[44] Pagano (del latín paganus, que significa «habitante del campo», «rústico») es un concepto que se encuentra por primera vez en inscripciones cristianas de principios del siglo IV en el ámbito cultural del Imperio romano para designar a quienes en aquella época adoraban a los dioses y, por ende, rechazaban o desconocían la creencia en un Dios único que, según la fe judía y cristiana, se habría revelado en la Biblia. Seguir leyendo …

[45] “El imperio no se diferencia del reino por su masa geográfica, sino porque impone límites a los otros, pero no a sí mismo. La nueva Roma retoma la divisa de la antigua, firmada por Ovidio: Regis Debray, Elogio de las Fronteras (La frontera es un nuevo espacio de combate intelectual: la demarcación y el límite son condiciones necesarias para la civilización) Ed. Gedisa, 2016

[46] El románico de la provincia de Burgos, Enlace del mapa de “amigos del románico”

[47] Jeffrey Sachs,  El Precio de la Civilización. (ed, Galaxia Gutemberg, 2012)

[48]Cayo Graco había inaugurado las distribuciones frumentarias, en e123, para que la plebe urbana secundara su programa: el pueblo señor era alimentado a bajo precio con el trigo tributario (sobre todo de Sicilia en esa época), facilitado gratuitamente por los vencidos, y el ciudadano  consciente se convertía en cliente del Estado, lo que acaso era mejor que serlo de los particulares. La demagogia creció, Saturnino aumentó las cantidades y el número de concesionarios y rebajó el precio; Sila fue lo bastante fuerte como para suprimir las frumentaciones, que reaparecieron en 74 por iniciativa de un senador moderado que creyó conciliarse el favor de la plebe de este modo. Finalmente Clodio, tribuno en 58, decidió que las entregas serían enteramente  gratuitas. Fue preciso la autoridad de César, y más tarde la de Augusto, para reglamentar esta práctica, que, por una evolución simbólica, se había convertido en arma electoral.” Historia de la Antigüedad de Paul Petit. Ed, Labor. 1975, Pg,272.-

[49] El grupo de investigación “RES PUBLICA ET SACRA. Poder y sacralidad en el mundo romano (conflicto y alianza del poder y la religión en Roma”, (http://portal.uned.es/portal/page?_pageid=93,8842467&_dad=portal&_schema=PORTAL)

[50] Libro V de la Nueva Historia de Zósimo

[51] Ya iniciado el final de la República “…a la generación escéptica de Cicerón y de Lucrecio, debía suceder, coincidiendo con la formación  del triunvirato, una generación mística y piadosa, sensibilizada por las desgracias públicas y privadas, sedienta de paz y de dicha,  afectada por las predicciones y los oráculos, la cual se observa lo mismo en Oriente, en torno a Antonio, que en Occidente, al servicio de Octavio: en ese contexto místico (mesianismo, espera de la edad de oro), la Cuarta Égloga de Virgilio (verso 41-40) adquiere su valor conservando su misterio.” Historia de la Antigüedad de Paul Petit. Ed, Labor. 1975, Pg,286.

[52] El repliegue en la identidad religiosa aparece como un recurso salvador: con frecuencia, para los padres, es la forma de hacer prevalecer todavía una cierta moral de vida y de respecto filial; para los adoctrinadores religiosos, es la posibilidad de atraer a jóvenes poco formados, fácilmente influenciables y de los que pueden hacer futuros mártires. (http://elpais.com/elpais/2015/11/05/opinion/1446729059_579897.html)

[53] San Agustin, Padre de la Iglesia, escribe sobre el llamado “tempus barbaricum”

[54]. Tolerancia del cristianismo y conversión de Justiniano. En el Libro II, capítulo 29 de su obra La Historia Nueva Zósimo nos presenta una interpretación distinta a la oficial sobre la conversión de Justiniano (Constantino da muerte a su esposa Fausta y a su hijo Crispo. A continuación abraza la fe cristiana.) Seguir leyendo…

[55] El éxito de las religiones orientales se explica en la historiografía moderna por varios motivos. La religión romana, por más que fue revitalizada bajo el emperador Augusto, se mantuvo con sus  constantes de presentar un marcado ritualismo y formalismo que no eran capaces de colmar todas las aspiraciones profundas del creyente; los propios emperadores, aun siendo responsables, por su carácter de pontífices máximos, de los cultos a las divinidades  romanas, se hacían iniciar en los Misterios de Eleusis (en el territorio de Atenas) y consultaban ocasionalmente a oráculos no romanas. A ello se unía que las religiones orientales ofrecían una respuesta coherente a la vida del más allá, vista de modo confuso por la religión romana. El carácter interclasista de los cultos orientales era otra razón de éxito. Y a esta superioridad las religiones orientales unían su carácter de ideología totalizadora; los principios del comportamiento ético  de los creyentes se derivaban, ante todo, de sus creencias religiosas, cosa que no estaba tan claramente definida en la religión romana. Por si fuera poco, los sacerdotes de estas religiones no pertenecían habitualmente a los sectores de la oligarquía; Vivian para y del altar, lo que contribuía a acrecentar su espíritu misionero. (Hª de Catilla y León. Romanización y Germanización de la Meseta Norte. Ed. Ámbito pg. 93. Julio Mangas Manjarrés y José Mª Solana Sainz)

[56] “A continuación, y ya que iba a emprender la guerra contra Alarico, mandó el Emperador llamar en calidad de aliados a diez mil hunos. A fin de que cuando se presentasen hubiese dispuesto alimento para ellos, dio órdenes de que los habitantes de Dalmacia suministrasen trigo, ovejas y vacas. Despachó también hombres con el encargo de vigilar la forma en que Alarico efectuaba la marcha sobre Roma, y de todas partes reunía a sus tropas. Mientras, Alarico, arrepentido de su marcha sobre Roma, enviaba a los obispos de cada ciudad…  (Libro V de su obra La Historia Nueva Zósimo (EDITORIAL GREDOS, S. A. Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1992.)

 [57] Hace solo 70 años Hitler ofreció en su libro una solución de espacio vital basada en el derecho de conquista.

 http://cultura.elpais.com/cultura/2015/12/08/babelia/1449596661_405473.htmlRICARDO DE QUEROL 

[58] Textos de Orosio y San Gerónimo.

[59] y los tratados con los Godos de Alarico. La Historia Nueva del historiador Zósimo

[60] Estilicon, Biografía en https://es.wikipedia.org/wiki/Estilicón

El General bárbaro. Documental de Canal Historia. https://youtu.be/hA57Gtnf1Po

[61] En la sala principal de la zona palaciega de la villa romana de la Olmeda, se exhibe, en un espléndido mosaico,  la escena de un astuto Ulises desenmascarando al esforzado Aquiles en el gineceo, donde se había camuflado huyendo de su fatal destino en la guerra de Troya. Quizás una expresión de la mentalidad de la élite que habitó el lugar, quienes aislados en su palacio y su riqueza disfrutaban de la vida pacífica que tuvo esta villa en su momento de apogeo durante el siglo IV de nuestra era.

[62]Si nos atenemos a las apariencias, el problema agrario, el que quiso resolver Tiberio, es el más grave. De hecho, es la consecuencia más visible de la casi desaparición de la clase media, que deriva de la conquista. De un lado las guerras, la de España particularmente, son costosas en hombres, y el ejército, del que los pobres (los que no tienen sino su persona, los capite censi, o la de sus hijos, los proletarii) son excluidos, se recluta con dificultades, aunque medidas especiales, y también la inflación, que redujo el valor real del censo, disminuyeran el número de esos excluidos. Pero el ejército había debido durante mucho tiempo su valor a su excelente encuadramiento de centuriones, robustos campesinos, propietarios medios, diezmados por las batallas” ( Historia de la Antigüedad de Paul Petit. Ed, Labor. 1975, Pg,262.-)

“Si quedaba descartado, por razones históricas, el recurso a un ejército mercenario de tipo helenístico, solo cabía, como solución posible, la evolución de la milicia ciudadana hacia una forma de estructura militar de carácter profesional, que presuponía, por un lado, el mantenimiento económico de las fuerzas armadas a expensas del Estado y, por otro, la exigencia de una recompensa a los soldados al término del servicio que les permitiera reintegrarse con dignidad a la vida civil.  En cualquier caso, un paso previo a esta remodelación del ejército era la rotura de los lazos que ligaban el servicio militar a la propiedad” (Las Legiones Romanas. José Manuel Roldán. Cuadernos de Historia16)

 

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